La Muerte Real

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Vi la película Coco. Fui a verla el día después de Navidad con Yeyo y el resto de mi familia. Tenía dos meses de embarazo. De hecho, me gustó mucho. Lloré al final pensando en cómo iba a crecer nuestra familia con la llegada de este bebé. Este año, escuché muchas quejas en Oaxaca sobre la comercialización y Disney-ficación del Día de los Muertos como resultado de ésta y otras películas. Mientras se aceraba el mes de noviembre, hubo un cambio tangible en la energía de nuestra ciudad. Todos los hoteles iban a estar llenos y era imposible encontrar un vuelo. El lugar estaría con máxima ocupación y eso me puso nerviosa.

IMG_1598Pero, no me mal interpretes, me encanta todo sobre estos festejos. Me encantan los colores: morados, anaranjados, amarillos, fucsias, negros. Me encantan los disfraces, las comparsas, la creación de altares. Me encanta la solemnidad y la celebración, todo junto en un paradójico paquete. Este es básicamente el único día feriado que celebro durante el año. Pero con el bombo publicitario en los Estados Unidos sobre el Día de los Muertos en los años recientes, Oaxaca se ha vuelto en un tipo de Meca para extranjeros durante estos días. Y este año, pues, tengo una relación bastante distinta con la muerte de la que tenía antes.

Llevé el cuerpo muerto de mi bebe dentro de la matriz por días antes de que supiéremos que se había ido. Antes de Rafa nadie cercano a mí se había muerto, con excepción de mis abuelos. Y ahora, la persona más cercana a mi, en todos los sentidos, murió mientras estaba todavía en mis adentros. ¿Qué significa esto? es algo que me tiene muy curiosa.

Una amiga me compartió recientemente que su hija dio luz a su nieto muerto unos meses antes que yo. Mientras su hija estaba en el trabajo de parto, ella tuvo un compromiso laboral que tenía que atender. Era una feria para mujeres para que la gente compartiera su trabajo, a través de puestos, pláticas, diálogos y diferentes actividades. Me dijo que durante todo el día, tuvo el impulso de agarrar un micrófono y gritarles a todas: “ESTO NO ES LA VIDA REAL. Lo que están haciendo aquí, lo que están platicando: esto no es REAL.” Cuando miro mi cuidad y veo las masas de turistas con sus caras pintadas y jóvenes borrachos con cempasúchil colgando de su cabello supuestamente “celebrando la muerte”, hay una parte de mi que simplemente quiere ir por todos lados sacudiendo gente y diciendo: “¡¡¡ESTO NO ES LA MUERTE REAL!!! ¡No saben que es la muerte!” (lo que puede o no ser cierto). La semana pasada, entendí por completo el impulso que tuvo mi amiga de agarrar y gritarle a la gente, iluminando su ignorancia con sus frustraciones.

Me parece que hay una faceta de la muerte que no estamos dispuestos ver en nuestra cultura moderna, occidental: su intimidad con la vida. Las dos son, literalmente, interdependientes: una no puede existir sin la otra. Son como gemelos en la matriz, dos partes de la misma cosa.

MadreHijoCalacasPreferiremos ver y estar conectados con la vida. Parece que realmente nos da pavor bailar con la muerte. Esto puede ser una de las razones por la cual luchamos tanto en el proceso de morir y con la muerte misma. Sobre todo, cuando tiene que ver con un embarazo. Cuando Rafa estaba dentro de mi, sentía que el mundo estaba tan feliz por nosotros, lleno de alegría con la expectativa de MÁS VIDA. Nadie mencionó nunca que la muerte estaba ahí mismo, presente todo el tiempo. Siempre existe la posibilidad de que el bebé muera durante el embarazo, el trabajo de parto o en el alumbramiento. Pero, de hecho, ¿no es esto cierto todo el tiempo? Si estamos viviendo, la muerte está aquí a nuestro lado, siempre.

Me ha quedado claro que cada nacimiento, ya sea de un niño vivo o muerto, es también una muerte. En su conmovedor libro, The Smell of Rain on Dust: Grief and Praise, Martín Prechtel dedica todo un capitulo a nuestro primer duelo: el nacimiento. Escribe, “la más pesada de las pérdidas nos llega a todos cuando como bebes en el útero perdemos el latido del corazón de nuestra madre al nacer. Sonando a través de nuestros cuerpos antes y durante la increíble inmensidad de nuestros nacimientos, cada uno de los latidos de nuestras mamás desaparece cuando entramos en este mundo frío, ruidoso y a veces no tan amigable”.

Cuando nacemos, nos despedimos de nuestra vida dentro de la matriz y transitamos por un tipo de muerte. También nos despedimos de nuestras identidades como mujeres embarazadas y algunas dan la bienvenida a una nueva identidad como madres de hijos vivos. Y algunas no. Muchas más de las que nos enteramos o reconocemos. Como sabiamente dijo mi amiga y nueva madre Kailea, unas semanas después de la llegada de su hijo: “Dar a luz y nacer son procesos inherentemente naturales pero también bastantes traumáticos.” Tal vez esto se deba a que la vida y la muerte están plenamente presentes en cualquier nacimiento.

El ciclo de la vida y la muerte es, por supuesto, biológico y también es lioso, desorganizado y crudo; hay olores y texturas fuertes. Es visceral. A veces cuando hablamos de la vida de forma figurativa o metafórica, olvidamos que llegamos a este mundo a través de la vagina de nuestras madres (o directamente del útero en el caso de una cesárea). Hubo sangre y caca y sudor y mocos. Todo esto y más está presente con frecuencia en el proceso de morir y en la muerte misma. Rafa'sBodyPero vivimos en un mundo tan expurgado y temeroso de nuestra propia biología que preferimos no ver este aspecto de nuestra existencia. Y podemos decir lo mismo de la muerte. Podemos ver esqueletos bailando y pintarnos las caras como calaveras (¡yo lo hago!) pero queremos bloquear la idea de la piel azulada de los muertos; preferimos no pensar en cómo luce un cuerpo sin vida. Nunca se me podrá borrar el recuerdo de sostener sobre el pecho a mi hijo muerto, perfectamente formado, cubierto de sangre y líquido amniótico y sudor. Esto es la vida y la muerte. De verdad.

Hace unas semanas una organización que trabaja con mujeres embarazadas publicó una foto de Lacey Barratt en Instagram de una madre sosteniendo a su hijo muerto justo después del parto (foto de portada). La fotografía era muy conmovedora. En los comentarios, algunas mujeres sugirieron que debieron haber puesto una imagen de “aviso preventivo” para que la gente pudiera decidir si quería verla o no. Muchas mujeres que han dado a luz a bebés muertos comentaron que la imagen validó sus experiencias y la agradecieron. Para mi no fue difícil de ver ni me hizo sentir re-traumatizada. Para muchas fue profundamente ofensivo el hecho de que otras personas buscaran esconder su experiencia con una advertencia.

Aunque no quise meterme a debatir en los medios sociales, lo que anhelaba escribir era:

“No es mi intención echarle la sal al embarazo de nadie con este comentario. Sin embargo, me parece que la razón por la cual muchas mujeres están pidiendo un “aviso preventivo” para esta foto es que tienen miedo de que algo pueda fallar en sus embarazos. Y por supuesto no quieren creer que esto es una posibilidad. Pero el hecho es que esto SÍ puede pasarles. Su bebé puede morir en el útero o en el parto o poco tiempo después de nacer. Entonces, creo que mi pregunta es: ¿por qué no nombramos esta posibilidad? Lo que estás viendo aquí, esta mamá y su bebé muerto: SÍ, es posible que te pase.”

No quiero clavarme en esta posibilidad pero ¿nombrarlo aumentaría la tasa de la muerte perinatal? Lo dudo. Me pregunto cómo sería si habláramos de esta posibilidad incluso en una clase de preparación para el parto, o simplemente hablarlo más abiertamente cuando pasa o compartir nuestros miedos acerca de ello. ¿Sería peor si miramos suavemente a la muerte a los ojos durante el proceso de gestionar una vida y decir: “Si, te veo ahí. Estás aquí conmigo también, aún mientras creo a este ser dentro de mi”? Tenemos tanto miedo que estaríamos aterradas por la vida real y por la muerte real, pero al final, ¿qué más hay? ¿Realmente nos estamos protegiendo al no verlo, al no reconocer la naturaleza liosa y caótica de la vida y muerte? ¿Qué tenemos que perder al abrazar los dos lados de esta misma moneda en toda su cruda belleza sin retoques-tipo-Disney?

CaraMuertosEl otro día mientras me pintaba la cara y el cuello como calavera (sí, reconozco la ironía en esto) recordaba: Rafa tenía clavículas, tenía vértebras chiquitas, una encima de la otra, tenía costillas y un pequeño cráneo. Todos sus huesos se quemaron en un incinerador y luego pusieron las cenizas en una caja de madera. Esta urna se sienta en nuestro altar de muertos este año y yo me siento al pie del altar. Honrando. Honro este año a la muerte no solamente en su sentido bello, misterioso y mítico sino también al nivel más básico y biológico. Sé que cualquiera de nosotros podemos irnos en cualquier momento. Y cuando llegue mi momento de morir, quiero poder dar la bienvenida a la muerte, con toda su veracidad olorosa, como la amiga y compañera que es.

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