Cuatro Tiempos: Siempre Supe

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Tengo una práctica medio rara que hago al principio del año. Hace tiempo, una amiga me platicó sobre las Cabañuelas: en algunos pueblos de Oaxaca existe la creencia de que uno puede saber un poco sobre cómo va a estar el año que empieza prestando atención a lo que pasa en los primeros doce días de enero. Cada día corresponde a un mes. Me gustó la idea de sembrar intenciones o entender mejor que podría esperar durante el año simplemente por estar más atenta durante sus primeros días. Entonces, desde 2015 he estado escribiéndome una intención mensual entre el 1 y 12 de enero.

img_1959-e1543986229412.jpgPero desde la muerte de Rafa el tiempo es diferente –ya no lo vivo simplemente como una herramienta para marcar una ocurrencia o evento en específico– . Aunque me gustaría creer que es así: divisible, limitado, lineal… siento que no es tan sencillo. Ahora experimento el tiempo lineal como una trampa. Cuando abrí mi agenda en el mes de diciembre este año, leí la intención y reí de mí misma con cinismo. Decía: “Enjoy the moments of feeling good and wellbeing. It is a time to celebrate a wonderful, magical year.” (Disfruta los buenos momentos y sentimientos de bienestar. Es el tiempo de celebrar un año mágico maravilloso.)

Debajo, en lápiz, me escribí una nota de respuesta: “Fuck you, former self.” (¡Jódete! yo anterior.)

Siempre me había quedado con la duda sobre la dinámica de mis Cabañuelas: ¿Creo yo las intenciones a propósito durante los primeros días del año? O, más bien: ¿Me hago más atenta a lo que está pasando en mi alrededor y desde ahí derivo las intenciones? Esta tensión dinámica entre la voluntad y el destino ha sido un tema significativo desde mi adolescencia. Siempre he creído que las dos fuerzas están presentes en mi vida y que una no puede existir sin la otra. ¿Creamos nuestro futuro? o ¿ya está determinado? Para el caso de la intención de diciembre de 2018, claramente yo estaba proyectando lo que quería o creía que iba a suceder. Pensé que sería un año espectacular. Y no lo fue. 2018 es, sin duda, el año más duro que he vivido.

Pero luego pienso en el tiempo y que no todo es como lo imaginamos. Ayer saque mi agenda del año pasado. Quería ver todo lo que estaba haciendo hace un año, cuando estaba yo felizmente embarazada por la primera vez en mi vida. Abrí mi diario a la primera semana de diciembre 2017 y vi mi intención del mes: “The road will not always be easy. There will be tears. There will be fear. There will be disappointment. May the road rise to meet you… anyway.” (El camino no siempre será fácil. Habrá lagrimas. Habrá miedo. Habrá decepción. Que el camino se levante a encontrarte, de todos modos.)

Me recuerdo claramente que cuando leí estas líneas el año pasado, pensé: ¡algo le puede pasar al bebé! Tenía mucho miedo de tener un aborto espontáneo durante las semanas iniciales del embarazo, que no iba a llegar a las 40 semanas sin problemas. Y me doy cuenta que tal vez esta intención era para este diciembre y no para el año pasado. Que el tiempo, a lo mejor, había hecho una torsión y el pasado se hizo presente y viceversa. Todo esto me lleva al punto de que yo sentía –desde hace mucho– que Rafa no iba a estar aquí, vivo, con nosotros. A veces temo que nada más me digo estas cosas para hacerme sentir mejor, para calmarme y tal vez justificar, para negar el enojo y la tristeza. Pero, la verdad es la verdad y a mí me costaba imaginar a mi hijo aquí en este plano con nosotros.

Mientras planchaba las pequeñas sabanas de la cuna que nos prestó una amiga, no pude ver a mi bebé ahí acostado. No podía imaginarlo en encuentros importantes, ni en Navidad, ni en mi cumple, ni en los viajes que tenemos planeados para 2019. Mientras tomaba un curso de lactancia, no podía visualizar a mi bebé amamantando. En algún nivel de mi ser, tal vez desde principios de 2017 cuando escribí mi intención para diciembre, supe que Rafa nunca iba a nacer vivo. IMG_1961Sé que Rafael era un ser muy leve, muy sutil. Casi no dejo ninguna huella este embarazo en mi cuerpo: subí muy poco de peso, no sufría nauseas ni mareos, no tuve estrías, no tuve que restringir mis actividades. Después del parto no hubo sangrados ni desgarre, no me bajaba la leche, ni tenía ingurgitación mamaría. Es como si él supiera que sólo iba a estar aquí en este plano dentro de mí… y ya. Por eso me trató tan suavemente este pequeño muchacho.

Todo esto me hace pensar en el tiempo. Y me hace preguntar: si hubiera sabido que Rafael iba a morirse, ¿hubiera continuada con el embarazo hasta al final? ¿Hubiera disfrutado la experiencia de gestionar una nueva vida dentro de mi vientre sabiendo que nunca iba a existir afuera?

Siempre he prestado mucha atención al paso del tiempo: con los aniversarios y con los “esto es la última vez que…” Pero desde el parto, se ha vuelto en algo de obsesión. Todo el tiempo estoy pensando en cuatro tiempos distintos: el tiempo antes del embarazo, el tiempo durante el embarazo (que es medio ambiguo porque no sabemos exactamente cuando se concibió a Rafa), el tiempo después del parto y el futuro o lo desconocido.

Mi cuñada, Andrea Bel. Arruti creó un libro de arte muy bonito con el título Cuatro Tiempos. La pieza es simplemente una palabra, seis letras repetidas en diferentes formas: T I E M P O. Desde que murió nuestro hijo este título ha acumulado nuevos significados para mí. Puedo pasar horas viendo mis fotos en el salva pantallas de mi computadora, etiquetándolas: antes, durante, después. Estoy obsesionada con quitarme de la vida las cosas que conseguí durante el embarazo (aunque sé que será imposible deshacerme de todas). A veces quiero que el tiempo pase muy, muy rápido: que pasen de volada los años para que ya no sienta el duelo y que pudiera pasar un día sin pensar en él… o morir más pronto para que pueda ver a dónde ha ido. No se si creo en nada de esto pero son pensamientos que pasan por mi cabeza. Por un lado, siento que quiero borrar este último año de mi vida. No les voy a mentir: de vez en cuando deseo nunca haberme embarazado. Luego recuerdo a Rafa y todos sus dones, toda la luz que trajo. Toda la esperanza. Y no puedo negar a mi hijo. Existió… en cualquier forma de ver el tiempo: Rafael fue. No lo puedo cambiar y una gran parte de mi no quiere cambiarlo. Pero otra parte está muy dolida y sí, quiere olvidar.

En la entrada que escribí sobre la muerte el mes pasado, mencioné el trabajo de Martín Prechtel, quien dijo que el nacimiento es nuestro primer duelo como seres vivos. En otra parte de ese mismo capitulo del libro The Smell of Rain on Dust: Grief and Praise, Prechtel habla del asunto del tiempo para los bebés en el útero. Dice,

… el tiempo en la matriz es un tiempo plasmático universal, es decir que en nuestra consciencia temprana acuática, nosotros como pequeños niños flotando en la matriz vivimos el tiempo no como una cosa secuencial y lineal, pero como un tipo-tiempo que es “todo-a-la-vez. Vivimos en una sopa de todo tiempo con un tiempo que nunca ha existido a la par del tiempo que ahora existe y el que existirá, todo burbujeándonos en un enorme baño resonante. Esta experiencia se queda como conocimiento en algún lugar profundo de nuestras almas, pero su pertinencia se nos oculta totalmente, mientras lentamente nos arrastramos hacía la identidad personal después de nacer. Esta experiencia de vivir el tiempo como un ‘charco’, donde todo el tiempo existe a la vez, así de elusivo como es para que nuestras mentes puedan comprenderlo, es también la base de la historia que nuestras almas anhelan escuchar, y se muestra en el ansia que tenemos por el ritual real, mitológico, ahora perdido en la época moderna. Pero sin una verdadera iniciación de vida al estilo de la vieja espiritualidad (no del tipo macho listo), este mitológico baño de tiempo de los origines se queda como una fuerza que nos inquieta, justo detrás del agarre de nuestra memoria. Es una fuente de insatisfacción constante y de infelicidad para los sobre-civilizados que quieren recordar, pero no pueden, y buscan satisfacción en caminos menos relevantes.

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En este tercer tiempo, el tiempo desde que Rafa murió, es cierto que mi anhelo para el tiempo / no tiempo se ha vuelto más poderoso. A veces siento que casi puedo tocar este espacio de todo y nada de tiempo, manoseando la orilla de sus faldas. Supongo que también tiene que ver con el hecho de que cuando esto me pasó, todo cambió. Nada me parece tan importante como me parecía antes. Ni siquiera la misma vida. Pero en otros momentos, siento que hay algo verdaderamente precioso en abrirme hacia otra forma de concebir y vivir el tiempo. Hay otras posibilidades, otras dimensiones que nunca han estado visibles a la simple vista. Me estoy preguntando: ¿Qué posibilidades hay ahora? ¿Qué es lo que puedo hacer yo ahora y no podía antes de Rafa? ¿Cómo cambiará mi vida con esta nueva experiencia del tiempo? ¿Qué es lo que no estoy viendo?

Vi una película este fin de semana sobre una mujer que por tener contacto con unos extraterrestres visualiza la concepción, nacimiento, niñez y muerte de su hija adolescente antes de que todo esto pasará. Mientras seguía la historia, imaginé que todas nosotras, las mamás cuyos hijos se nos han adelantado en la muerte, teníamos poderes de superhéroes (o más bien, superheroínas). A mi me gusta creer que sí, ahora que esto me ha pasado, tengo algo especial adentro. Es un poder que me duele, que no es fácil de llevar y que nunca hubiera querido tener. Tiene algo que ver con traspasar nuestras ideas y creencias limitantes sobre el espacio y el tiempo. IMG_1927Quiero creer que los niños que mueren nos dejan a sus padres ciertas joyas, como trozos de anti-criptonita, poderes especiales… poderes para amar más, de pensar más allá de los limites, de abrirnos a nuevas emociones, de sentirnos apapachados por el universo a pesar de nuestros duelos.

Que así sea.

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Imágenes tomado del libro de arte, Cuatro Tiempos (edición de bolsillo) diseñado por Andrea Bel. Arruti.

 

5 thoughts on “Cuatro Tiempos: Siempre Supe

  1. Querida Aerin:
    Creo que la experiencia de tu embarazo y el milagro de crear una vida, la de Rafa, a pesar de lo que pasó después, es algo que siempre debes conservar como una maravillosa experiencia. Piensa en esos nueve meses que Rafa fue creciendo dentro de ti, cómo convivías con él, lo maravilloso de sentir sus movimientos en tu vientre y que eso te recompense aunque sea mínimamente. Te quiero mucho y te admiro, porque has demostrado un valor que quizá no imaginaba.
    La abuela de Rafa, Ofelia.

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  2. Surgir, emerger, resignificar y entereza son las primeras ideas que tu texto me dicen.
    Surgir cual levantarse o renacer, pues todo duelo habla de lo que ya no es pero también de la semilla de esperanza, amor y luz que deja, nos deja.
    Entereza, tu gran fortaleza para adentrarte en los vericuetos de los pensamientos/sentimientos esquivando las trampas que el deseo y el miedo pueden poner a la hora de querer mirar, mirar lo que es…lo que en verdad es en tu fuero interno.
    Honro a Rafa por toda la fortaleza que te inspira🙏. Te honro, por la íntegra mujer que eres🙏
    Gracias por traducirnos estas reflexiones😘 Pero sobre todo, por compartírnoslas💝🙏

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  3. Gracias, Aerin.
    En cada palabra siento tu dolor con una mezcla de aceptación y resistencia , y cómo no!!!
    También con total consciencia de lo que está pasando dentro de ti, sin juicio sólo siendo observadora.
    Gracias por compartir 💖.
    Una forma muy extraña y dolorosa de mostrar nuestra vulnerabilidad y también de valientemente habitarla.

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