Sagrada liberación del amor

Acabo de regresar de Sudamérica, donde fui co-anfitriona de mi primer taller de duelo para padres cuyos hijos han muerto. Dado que promoví el taller entre todas mis redes en la región, especialmente con las mamás que sabía que han perdido bebés, muchas personas me han preguntado que tal estuvo. Honestamente, fue mágico. No tanto el taller mismo, sino el proceso de planear esta experiencia y en particular los días previos a ella, que pasé con mi dula, Julieta.

Desde los primeros días después de la muerte y nacimiento de nuestro hijo, reconocimos que él era algo especial. Rafa trajo muchos, muchos regalos a esta realidad. He escrito a cerca de muchos de estos: aquí, aquí y acá. Él no fue solo un niño cualquiera, sino un alma que tocó las vidas de mucha gente a lo largo y ancho. Durante todo el año pasado, una y otra vez. Me he sorprendido por los individuos que valerosamente me han dicho cuanto significó y significa Rafa para ellos. Está, por supuesto la gente muy cercana a nosotros, esos que estuvieron allí con nosotros en la sala de parto: mis papás, mis parteras y mi dula. Sé cuanto la concepción de Rafa, su crecimiento, muerte y existencia significó para ellos, los tesoros que él les ofreció y la luz que trajo. Pero muchas de las vidas que Rafael ha tocado no están tan estrechamente entrelazadas con las nuestras. No pretenderé explicar que le dió a estas personas; pero si los ves, les puedes preguntar Aurelia, Mary Jane, Dana, Vera, Melinda o alguna de las Marthas (ente muchos otras). Ellas te dirán. Él era y es nuestro maestro en tantas formas. Y hay algo más allá de mi limitada, capacidad humana de explicar que trajo él.

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Cuando Julieta y yo estábamos preparando la Vasija Vacía, hablamos una vez de este aspecto de la existencia de Rafa. Ella lo llamó “la parte iluminada”. Julieta vino desde Argentina para el nacimiento, A pesar de que nunca pensé que ella podría esta acá, hizo el viaje y honestamente no sé que habría hecho sin ella estos últimos 14 meses. Ella fue una de las primeras en hablar de percibir que Rafa estaba con ella en tiempos diferentes de su viaje desde su nacimiento. Una impresión de su pequeño pie se encuentra enmarcada en su sala. El taller que hicimos juntas creó un contenedor para las “partes iluminadas”. Para elevarlas a la superficie de nuestra consciencia. Para sentirlas en una forma palpable.

Mientras hablo de los regalos de Rafa, siento que es también importante agradecer las increíbles olas de generosidad, apoyo y cuidado que vinieron a inundar nuestro camino en las semanas y meses que siguieron a su muerte. De alguna forma, la energía y amor que nuestro bebé trajo al mundo fue inmediatamente correspondida recíprocamente por un flujo masivo de amor de nuestras familias de elección y origen alrededor del mundo. Es como si la riqueza y profundidad de lo que fluyó fuera proporcional a la grandeza de Rafa.

Lo imagine así: una piedra cae al agua – es la vida y la muerte de Rafael. Veo su regalo propagándose ampliamente hacía el mundo. Simultáneamente mi experiencia ha sido más como lo que podría pasar si viéramos una película en reversa de una roca cayendo al agua. La forma en que grandes olas de amor podrían ondular hacia adentro, el epicentro del evento… hacia mi y Yeyo y Rafa. Al final del clip, la roca brincaría del agua, probándonos a todos que continuaremos viviendo. Ha sido extraordinario (literalmente) experimentar este interminable flujo de cuidado. Imagino que tiene que ver con la forma en que Yeyo yo hemos cultivado relaciones a través de los años, pero intuitivamente tengo la sensación de que esto tiene que ver con Rafa, también: quién fue y es. Organicé un pequeño álbum de altares que se hicieron, velas que se encendieron, regalos hechos y tatuajes entintados todos en El nombre de Rafael.

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Ahora, ¿dónde me quedé? ¡Ah, si! Déjenme volver a Sudamérica. Sólo una persona asistió a nuestro taller. Julieta y yo reflexionamos en porqué las cosas resultaron de esta manera. Es un tema muy difícil para procesar, especialmente en un círculo de extrañas. Parece ser algo que las personas prefieren navegar en una forma más íntima, una forma de una a una. Quizá la idea de vivir con, aprender de y danzar junto a la aflicción y dolor es muy amenazadora. Pero a pesar de la poca asistencia, las horas que Julieta y yo pasamos juntas antes de la reunión fueron valiosas. Mi familia llama a este espacio “las aguas profundas”. Mientras hablamos sobre como nos sentíamos en ese momento y nuestras experiencias durante el aniversario de la muerte y nacimiento de Rafael, nuestros corazones se abrieron y lágrimas de amor y apreciación y tristeza y arrepentimiento cayeron de nuestros ojos. Mientras hablamos de nuestras intenciones para el taller, ella compartió como su trabajo como dula es primordialmente un acto de profundo servicio espiritual. Este servicio esta entretejido en quien es Julieta, es más que su llamado o regalo… es, creo, su esencia. Ella trajo este regalo al taller y continua trayéndolo a mi vida.

Para mí, reflexionando sobre los regalos que Rafa me ofreció trajo olas de gratitud y tristeza. La Vasija Vacía fue una oportunidad de actualizar un llamado que comencé a sentir casi inmediatamente después de su muerte. Pronto compartiré más a cerca de como mi trabajo con el dolor, colectiva e individualmente, se siente ser una vocación destinada a cambiar el rumbo de mi vida (ver aquí).

Recocemos una profunda necesidad por espacios de duelo colectivo, especialmente durante este día y época. Entonces, a pesar de que sólo tuvimos a una participante (y nos dimos cuenta que era un poco extraño continuar con el taller dadas la circunstancias), nos recordamos a nosotras continuamente que estamos haciendo este trabajo para el mundo, y no solamente para las personas que impactamos directamente. Justo cuando estábamos a punto de comenzar, con mejillas húmedas, reconocimos que también estábamos haciendo esto para nosotras mismas, para nuestra propia sanación e integración, y para aprender más a cerca de nuestro propio dolor y pena después de la muerte de este ser amado. Al final, Juli también dijo, “Y lo estamos hacienda por Rafa”. Él fue un gran maestro, pero también él fue simplemente nuestro nieto, nuestro sobrino, nuestro ahijado, y nuestro bebé. La forma en que tocó tantas vidas amerita estas ceremonias, rituales y rememoraciones.

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Cuatro días después del Nacimiento de Rafa con Yeyo, Julieta y mis papás.

Después de que el taller terminó, sentí muy fuerte y claro este llamado. Sostener este tipo de espacio en carne viva, para las emociones y para trabajar con el cuerpo como un vehículo para conectar con el dolor y el duelo fue increíblemente poderoso. Pero conforme lo días pasaron, comencé a sentir dudas y miedo, En el segundo módulo del Teatro de Presencia Social que estoy tomando, hablé abiertamente de la muerte de mis hijos. La gente preguntó sobre la Vasija Vacía. El prototipo que estoy desarrollando ahora está conectado con el trabajo de dolor. Deseo convocar a un grupo de mamás cuyos hijos han muerto en Oaxaca y trabajar con ellas en los siguientes seis meses usado prácticas corporales para profundizar más nuestra conexión con el dolor y la pena que sentimos. Me di cuenta que leer en voz alta mi intención y luego caminar con mi preocupación pegada a mi gafete era intimidante para mi. Esa cosa horrorosa llamada vergüenza surgía por unos momentos allá.

Después de la vergüenza llegó la duda. En el último día del curso en Uruguay, me encontré a mi misma mirando fijamente al espacio, llorando calladamente mientras estaba sentada a los pies de una de mis colegas y sostenía los dedos de los pies de otra. La única palabra que vino a mi en ese momento fue: duda. Entonces, tengo claridad y tengo inseguridad. No es sorpresa; sólo una de esas interesantes paradojas de mi vida.

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Una de las preguntas que se que quedaron al final de mi tiempo en el sur fue: ¿qué significa para mi ser una mamá? Julieta me recordó el día que llegué a sus casa que sigo siendo una mamá, aún cuando no tengo hijes vives. Es una pregunta difícil y complicada para mi porque toca en muchos de mis dilemas previos a cerca de cómo me ven y lo que espero de mi misma. Estoy profundamente comprometida a explorar conmigo misma y otra mamás de niñes muertes que significa esto verdaderamente para nosotras y para nuestra sociedad (una sociedad a la que a menudo le gusta pretender que el parto de un bebé muerto y muertes perinatales no pasan). Una de las experiencias – o quizá es más una sensación – que a veces he tenido es que Rafael no está acá. Pero Julieta me recordó que al mismo tiempo él no está acá y si está acá. Es algo que me ha costa sentir o reconocer. Pero estoy de regreso en casa ahora y mi intención es recordar que mi hijo no se ha ido… que él vive en mi cada día… que estoy hecha de él. No tengo idea cómo el reconocer esto puede mover mi futuro, pero percibo que de alguna forma lo hará.

Gracias, Rafa.

Te amo,
Tu mamá

Escultura (‘Melancolie’) por Albert György.
Traducción: Vera De La Cruz Baltazar.

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