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Hoy hace 120 meses (o diez años), me mude a México. Hace un año y dos días empecé a compartir abiertamente que estaba embarazada. Hace cuatro días, murió la mamá de mi esposo. Es casi inconcebible para mí que en menos de seis meses Yeyo ha perdido a su hijo y a su mamá… y ambos de formas tan inesperadas. Yo sólo sé como ha sido para mí, la partida de mi suegra, María Ofelia Arruti Hernández. Sólo puedo hablar de la manera en que un duelo toca y revuelve el otro. Sólo puedo compartir que cada vez que visualizo a Ofelia de “el otro lado”, la veo con Rafa en sus brazos, los dos sonriendo y disfrutándose. Cada vez que lo imagino, lloro a moco tendido. Son lagrimas de tristeza y alegría, emoción pura. No tengo la menor idea si existe un lugar como el paraíso. Lo dudo. Pero me da tanto consuelo pensar en Rafa con su abuela que me veo forzada suspender mi incredulidad.

Pero desde la muerte de Rafa el tiempo es diferente –ya no lo vivo simplemente como una herramienta para marcar una ocurrencia o evento en específico– . Aunque me gustaría creer que es así: divisible, limitado, lineal… siento que no es tan sencillo. Ahora experimento el tiempo lineal como una trampa. Cuando abrí mi agenda en el mes de diciembre este año, leí la intención y reí de mí misma con cinismo. Decía: “Enjoy the moments of feeling good and wellbeing. It is a time to celebrate a wonderful, magical year.” (Disfruta los buenos momentos y sentimientos de bienestar. Es el tiempo de celebrar un año mágico maravilloso.)
There is the lingering sadness that was more alive (or had more room) during the time we were together; our togetherness somehow made Rafa’s absence more present. There are questions about how much I should continue to self-identify first and foremost as a bereaved mother, asking myself if that is healthy or useful. There was space for anger (which I have struggled with letting out). There was this beautiful little one-year-old, Andino. There was also a fuck-ton of laughter and fun and joy! I felt bathed in the light of the community: the light of each person and the glow of our collective power.
Pero, no me mal interpretes, me encanta todo sobre estos festejos. Me encantan los colores: morados, anaranjados, amarillos, fucsias, negros. Me encantan los disfraces, las comparsas, la creación de altares. Me encanta la solemnidad y la celebración, todo junto en un paradójico paquete. Este es básicamente el único día feriado que celebro durante el año. Pero con el bombo publicitario en los Estados Unidos sobre el Día de los Muertos en los años recientes, Oaxaca se ha vuelto en un tipo de Meca para extranjeros durante estos días. Y este año, pues, tengo una relación bastante distinta con la muerte de la que tenía antes.