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En mi experiencia, el nacimiento de un bebé muerto puede pasarle la factura a las relaciones. Puede ser particularmente difícil dentro de la relación de la pareja. Para mí, justo después de la muerte y nacimiento de Rafael estaba pasando tanto al nivel emocional para todos alrededor de nosotros. Cada persona estuvo procesando el choque, el duelo y solidaridad de forma propia y a su propio ritmo. Y nuestros procesos tuvieron encuentros íntimos entre ellos, se entrelazaron y a veces chocaron… hasta el punto en que a veces fue difícil saber a quién pertenecían cuáles sentimientos. Al fin de cuentas, hubo una emoción que se profundizó y un campo que se amplió entre Yeyo y yo: el AMOR.

Pero desde la muerte de Rafa el tiempo es diferente –ya no lo vivo simplemente como una herramienta para marcar una ocurrencia o evento en específico– . Aunque me gustaría creer que es así: divisible, limitado, lineal… siento que no es tan sencillo. Ahora experimento el tiempo lineal como una trampa. Cuando abrí mi agenda en el mes de diciembre este año, leí la intención y reí de mí misma con cinismo. Decía: “Enjoy the moments of feeling good and wellbeing. It is a time to celebrate a wonderful, magical year.” (Disfruta los buenos momentos y sentimientos de bienestar. Es el tiempo de celebrar un año mágico maravilloso.)
Pero, no me mal interpretes, me encanta todo sobre estos festejos. Me encantan los colores: morados, anaranjados, amarillos, fucsias, negros. Me encantan los disfraces, las comparsas, la creación de altares. Me encanta la solemnidad y la celebración, todo junto en un paradójico paquete. Este es básicamente el único día feriado que celebro durante el año. Pero con el bombo publicitario en los Estados Unidos sobre el Día de los Muertos en los años recientes, Oaxaca se ha vuelto en un tipo de Meca para extranjeros durante estos días. Y este año, pues, tengo una relación bastante distinta con la muerte de la que tenía antes.